Archivo de Febrero 2009

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Cuando los medios son cómplices

Febrero 10, 2009

         

 

         Las conductas que ordinariamente nos impresionan son antes que nada conductas humanas. Las conductas humanas siempre nos manifiestan el arte con que son desarrolladas por los operadores de las mismas.
Con lo cual podemos decir que, al realizar una determinada actividad, está bien hecha o mal hecha, verbigracia, al realizar un corte con un cuchillo en la yugular de una persona puede hacerse con buena o mala técnica, y como consecuencia daremos o no en dicha vena y se habrá ejecutado bien o mal el arte de cortar.

Hasta aquí no hemos hecho ningún reproche de carácter moral, pero a todos les llama la atención que usemos como ejemplo cortar una vena capital para la vida de un ser humano.

La relevancia de si fué bien seccionada la vena o no, es un problema técnico, de cómo hacemos el arte de cortar, pero si nos preguntamos si, al salir a la calle y cortarle a una persona la yugular es bueno o es malo, estamos frente a un problema moral. Ninguna conducta humana hecha con voluntad (entendida esta como intención querida) está exenta de moralidad, ya que la moralidad es una manifestación de la humanidad.

Siguiendo ese razonamiento, podemos decir que todo lo humano, y todas las instituciones compuestas por personas, tienen moralidad, o sea, son entes morales, sean personas individuales o colectivas. Con lo cual arribamos a que las instituciones que formamos tienen determinadas motivaciones y conductas que, pueden ser valoradas como buenas o malas.

 

Si nos adentramos en un análisis ético de los clásicos, diremos que las cosas (inclusive los seres humanos) serán buenas en tanto, respeten la finalidad para la cual existen. Al llevar este concepto a la tarea humana, diremos que toda acción humana se realiza en vistas a un fin, y el fin de la acción es el bien que se busca. El fin, por lo tanto, se identifica con el bien.

 

No soslayaremos en este análisis, las creaciones de los seres humanos, las cuales tienen una intencionalidad y son susceptibles de una crítica moral. El examen que haremos conjurará a las instituciones humanas, medios de comunicación y a sus productos, las noticias. Valorando también su finalidad como bien, que caracteriza a dichas agrupaciones. En esa línea, creemos que la finalidad de los medios de comunicación es “informar a la sociedad”, esto surge de la práctica diaria constatada en las distintas herramientas comunicativas que manejamos asiduamente, ( diario, TV, internet, radio, etc.); afinando el concepto de “informar”, la Real Academia Española nos dice que, informar es “dar noticia de algo”, aquí nos encontramos con el producto de los medios de comunicación, las noticias. Nos detendremos en este punto.

 

¿Cuál es la finalidad de la noticia?¿Cuándo una noticia es buena? ¿Qué papel juegan la moral y los operadores de las instituciones de noticias?

Si creemos que las agencias de noticias tienen por finalidad informar a la sociedad, sabiendo que informar es dar a conocer una noticia, debemos tener en cuenta que la noticia debe ser cierta, ya que la noticia es conocimiento, es algo que es, algo que ocurrió, algo que debe estar atravesado por el valor verdad. Si entramos en conocimiento de una noticia que es cierta, o sea, es verdadera, estamos en presencia de una información que respeta su finalidad y por lo tanto la podemos considerar buena. Pero si no lo es, o sea, no refleja una situación cierta, por el contrario muestra algo falso, no podremos decir que la noticia cumpla con su finalidad, por lo tanto es fútil y deleznable.

Aquí el reproche no es a la noticia, al menos en una mirada profunda, sino solo es el síntoma que nos muestra que los operadores de las noticias, agencias periodísticas, no están siendo francas con la finalidad de sí mismas y más aún, están incumpliendo con el deber de informar a la sociedad, ya que lo que le entregan son entelequias sin sentido. El reproche moral es allí. Están haciendo el mal o al menos no contribuyen al bien.

 

Hoy en día, en la ciudad de Rosario, nos encontramos con muchos medios de comunicación que han tomado la postura de no informar con el valor verdad como eje de sus productos (las noticias), lo cual implica por un lado, un reproche moral, ya que no están haciendo el bien –incumpliendo la finalidad- y por otro lado, indica un quiebre con la sociedad ya que el lazo que los une está marcado por el silencio de la verdad (falsedad pasiva), o la entrega de informaciones artificiales (falsedad activa). 

 

Un claro ejemplo del tema es la situación del Club Atlético Newell’s Old Boys, en la cual hoy por hoy, el diario “La Capital” y el programa “Zapping Sports” hablan muy mal de la dirigencia anterior de dicho club, pero en los 12 años de gestión, (haya sido buena o mala, eso depende de lo que diga la Justicia, los resultados deportivos, la gente, etc.) nunca dijeron nada. Estando en presencia así de Falsedad Pasiva. Otro tanto pasó en el Club Rosario Central, con la anterior gestión de dicha institución, y caímos en la cuenta que quienes faltaron a la verdad son los mismos que también lo han hecho con “Ñuls”.
Consecuentemente arribamos a que el lazo de dichos medios no era con la sociedad, sino con las instituciones a las que favorecían con su silencio y por lo tanto, han sido cómplices de estas.

 

Este casi insignificante ejemplo, nos muestra que en instituciones que no deciden vidas ni solucionan los problemas de la gente, no impera la  verdad como valor central en las noticias que nos llegan de ellas. Yendo más allá, no queremos ni pensar instituciones en las que hay mucho más poder social y económico, refiriéndonos a los distintos estratos del poder político, que deben resolver problemas de la gente, de quienes sufren.

Este panorama oscuro no nos debe desalentar, al contrario debe despertarnos un espíritu crítico de todo lo que afecta nuestros sentidos, analizando las noticias, para que realmente nuestra opinión sea válida y acorde a lo que sucede en la realidad, por eso debemos exigirle a los medios de comunicación (a través de cartas de lectores, no compra, repudio, etc.) que sean veraces y que realmente privilegien su lazo con la sociedad y no con los centros de poder y de decisiones. Allí empieza el cambio.

 

 

 

De: Polmann para: Sangreycal